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La IA ha vuelto fácil el código y el diseño. La conversión sigue siendo lo difícil.
La IA ha vuelto triviales dos oficios enteros: escribir el código de una web y diseñarla. Cualquiera puede lanzar un sitio correcto en una tarde. Lo que la IA no sabe hacer es entender a tu cliente, averiguar qué le impide comprar y corregir ese punto. Eso es la conversión, y ahí es donde vive el trabajo ahora.